Para empezar, la palabra normal me chirría muchísimo. ¿Qué es normal? ¿Yo soy normal? ¿Tú eres normal? ¿Quién dice qué es normal y qué no lo es? ¿De dónde viene la palabra normal? ¿Tenemos necesidad de ser normales? Ojo a la siguiente, que me gusta mucho: ¿es normal estar adaptado a una sociedad PROFUNDAMENTE enferma? Se define normal como “la cualidad de lo que se ajusta a cierta norma o a características habituales o corrientes”. Vamos a analizar esto. 

Acotar las cualidades de algo puede ser peligroso porque hace que perdamos la diversidad, la misma que nos ha hecho evolucionar como especie. Además, ¿quién dicta las limitaciones del “esto está bien, esto está mal”? Dirás: “la sociedad, el pensamiento colectivo”. Seguro que no te descubro nada si te digo que desde los medios de comunicación, la publicidad y el miedo somos una sociedad más que manipulable. 

En salud cuando hablamos de algo normal nos referimos a que sigue los marcos teóricos de funcionamiento del cuerpo humano, la fisiología. No son pocas las veces que he preguntado: “¿Tienes dolor de regla?”, y me han respondido: “No, bueno, lo normal”. Es decir, que sí. A menudo se consideran ciertas circunstancias como normales (fisiológicas) cuando en realidad son habituales. Entonces… La palabra normal es confusa y peligrosa. 

Venimos de una normalidad donde: 

  • Se recomienda tomar lácteos a diario (hay estudios científicos de sobra que indican que esto es perjudicial para la salud). 
  • Empresas como Coca-Cola o Panrico patrocinan menús escolares e información nutricional oficial. 
  • Vender tabaco y alcohol es legal. 
  • Se recetan medicamentos que pueden perjudicar más de lo que curan. 
  • Andar se considera un deporte suficiente para envejecer activamente.  
  • Padres y madres no pueden conciliar el trabajo con la crianza. 
  • Se permite la desigualdad que en consecuencia provoca aumentos del riesgo de sufrir ciertas patologías por parte de algunos sectores de la población.
     

Podría seguir y seguro que tú también. Estos puntos asumidos como normales son el reflejo de que las normas sirven para que la gente que manda (los de verdad, no el gobierno) consiga lo que quiere; ellos las determinan y las usan cuando les interesa.

 En la nueva normalidad que me gustaría vivir tengo la sensación que no se van a mejorar esos puntos y creo que es importante entender que, al fin y al cabo, se nos está planteando esta nueva normalidad para que nuestra salud no peligre. ¿Por qué ahora sí y antes no? No lo sé.  

A lo mejor creerás que todos los puntos (y los que me he dejado) no afectan a nuestra salud al mismo nivel que lo hace el Covid-19 pero te aseguro yo que sí. La gran mayoría de patologías modernas (no infecciosas) se podrían evitar con unos buenos hábitos: alimentación, deporte, descanso y bienestar psicológico y emocional. 

En mi nueva normalidad lo ideal sería empezar a apostar sobre todo por una salud integrativa y enfocada des del trabajo multidisciplinar. ¡Y ojo! Que no estoy renegando de los médicos. Al contrario. Creo que estos junto con dietistas, fisioterapeutas, osteópatas, psicólogos, etc. tienen que empezar a trabajar conjuntamente: todos los profesionales que forman parte del equipo tienen la misma importancia; todos son necesarios e imprescindibles. La visión de la PNI clínica nos aporta esta integración de todos los elementos que afectan a la salud del individuo. Por suerte cada día se nos (re)conoce más y son más los médicos que quieren trabajar codo con codo con nosotros para mejorar la salud de sus pacientes.  

También se hace imprescindible en mi nueva normalidad poner el foco, justo en el centro, el trabajo preventivo. Si mediante los hábitos podemos evitar enfermar, ¿por qué no los cuidamos más? Es habitual encontrarme gente en consulta que me dice: “Yo como bien”, pero cuando hacemos el análisis de hábitos vemos que su concepto de “bien” a lo mejor no se ajusta a las necesidades que tiene su cuerpo para recuperar su salud.  

En esta línea de trabajo, ofrezco un nuevo servicio para que todos aquellos que se encuentran bien, pero que quieren mantener la salud a lo largo de su vida y hacer un envejecimiento activo, es decir, ser una persona mayor, pero con máxima capacidad de hacer cosas y mínima dependencia. También, si no sabes si la PNI clínica te puede ayudar y quieres empezar solo por un pequeño análisis, puede ser un buen inicio y, si quieres, siempre podemos extendernos y hacer una visita terapéutica convencional.  

El cambio de hábitos no se plantea de forma radical de la noche al día, sino que la idea es realizarlo de una manera en la cual te sientas a gusto y puedas integrar todos los cambios que te proponga y mantenerlos a lo largo de tu vida. A veces, un pequeño matiz puede no suponerte demasiado esfuerzo, pero a la vez representar una gran mejoría para tu salud; otras veces el cambio te requerirá esfuerzo y constancia pero te aseguro que valdrá la pena. Anímate a mejorar tus hábitos y si tienes alguna duda, contacta sin pensártelo.

Hacía tiempo que tenía una tarea pendiente, empezar el blog. También hacía tiempo – demasiado –  que tenía pendiente ir a ver a mi abuelo Eliseo a la residencia donde hace muchos meses estaba ingresado. Un Alzheimer le había dejado fuera de combate hacía ya años. El pasado martes 14 de abril nos dejó y quiero dedicarle el primer artículo.

Escribo estas palabras el día antes de su entierro (aunque no se cuando lo publicaré). Todo ha sido muy rápido, cuestión de horas. Han sido muchos años de contratiempos, infecciones y problemas respiratorios, sumados a un Alzheimer que, a mi modo de ver, le había alejado de la realidad y de lo que era él. En cuestión de horas se ha apagado su vida seguramente sin entender ni qué es lo que está pasando estos días ni el porqué de morir en soledad. 

No me siento para nada culpable por no haberle ido a ver últimamente. La verdad, no puedo soportar las residencias de abuelos; desde mi experiencia las encuentro tétricas y me duele en el alma ver cómo está acabando una generación de gente luchadora que nos ha dado infinidad de cosas. Era plenamente consciente de que esto podía pasar. A la vez, todo ello me lleva a reflexionar sobre la poca atención y los escasos cuidados que reciben las personas de esta generación consecuencia del ritmo frenético de vida que nos impone el sistema. Nos están programando para producir.

Esta generación no merece morir de todas las enfermedades modernas fruto de los cambios a peor que ha sufrido (y sigue sufriendo) nuestro estilo de vida. La alimentación que se lleva defendiendo años a la vista está que no está resultando saludable a la larga. Hay muchas enfermedades derivadas de ella que empujan a la polimedicación de las personas, al impedimento de envejecer activamente y muchas veces el exceso de medicación termina finalmente con el alargamiento de agonías innecesarias en parkings de personas.

Me dedico a lo que me dedico porque quiero cambiar esta situación. Además de ayudar a personas que sufren enfermedades, considero que la divulgación y la educación en salud son fundamentales. Somos la generación que tiene el poder del cambio. Somos la generación que tiene que entender que la alimentación, el deporte, el descanso y la salud mental son las claves para disfrutar de la jubilación.

Si miro dentro de mí encuentro un deseo de vivir mucho y durante muchos años. Sobre todo de vivir mucho. ¿Para qué quiero vivir mucho tiempo si no estoy viviendo nada? Ya sé que todos vamos a morir, de hecho soy muy consciente de ello. Para mí, morir en sí mismo no es importante, lo importante es cómo voy a morir y cómo voy a vivir los últimos días. Prefiero tener unos últimos días intensos que unos últimos años de mierda. ¿No lo habías pensado nunca? Yo sí. A menudo. De hecho creo que la muerte es lo que más me ha hecho crecer y vivir (por paradójico que parezca) durante los últimos diez años.

Tengo infinidad de recuerdos bonitos de cuando aun era él. Jugando a fútbol (yo hacía de portero), enseñándome bricolaje, paseando por los parques de Mataró, sus mil historias, esos versos que repetía constantemente. Años después, en las comidas familiares era capaz de recitar el mismo poema 10 veces porque no se acordaba que hacía 30 segundos lo acababa de recitar. En especial recuerdo infinidad de horas haciendo crucigramas con él. En realidad los hacía él, pero en voz alta, así parecía que lo hacíamos los dos. Aprendía palabras nuevas que a veces incluso me parecían inventadas. También me enseñó a jugar a ajedrez (primero a damas) y nunca me dejaba ganar. Estos últimos años la señal para saber que sufría días malos era que no se acordaba de hacer aviones de papel. Una obsesión para él a medida que la enfermedad avanzaba era conseguir folletos de publicidad para hacer decenas y decenas de aviones de papel. Tengo que decir que nunca aprendí por mucho empeño que él pusiera. No son los típicos aviones, a estos les llamaba cohetes. Los aviones que hacía Eliseo tenían incluso dos partes: la estructura principal y la cola.

Mañana, si me dejan (ni siquiera lo hemos podido ver por última vez), le dejaré dentro del nicho un rey, un avión y un libro de crucigramas. No tardarán mucho en aparecer todas las palabras.