Hacía tiempo que tenía una tarea pendiente, empezar el blog. También hacía tiempo – demasiado –  que tenía pendiente ir a ver a mi abuelo Eliseo a la residencia donde hace muchos meses estaba ingresado. Un Alzheimer le había dejado fuera de combate hacía ya años. El pasado martes 14 de abril nos dejó y quiero dedicarle el primer artículo.

Escribo estas palabras el día antes de su entierro (aunque no se cuando lo publicaré). Todo ha sido muy rápido, cuestión de horas. Han sido muchos años de contratiempos, infecciones y problemas respiratorios, sumados a un Alzheimer que, a mi modo de ver, le había alejado de la realidad y de lo que era él. En cuestión de horas se ha apagado su vida seguramente sin entender ni qué es lo que está pasando estos días ni el porqué de morir en soledad. 

No me siento para nada culpable por no haberle ido a ver últimamente. La verdad, no puedo soportar las residencias de abuelos; desde mi experiencia las encuentro tétricas y me duele en el alma ver cómo está acabando una generación de gente luchadora que nos ha dado infinidad de cosas. Era plenamente consciente de que esto podía pasar. A la vez, todo ello me lleva a reflexionar sobre la poca atención y los escasos cuidados que reciben las personas de esta generación consecuencia del ritmo frenético de vida que nos impone el sistema. Nos están programando para producir.

Esta generación no merece morir de todas las enfermedades modernas fruto de los cambios a peor que ha sufrido (y sigue sufriendo) nuestro estilo de vida. La alimentación que se lleva defendiendo años a la vista está que no está resultando saludable a la larga. Hay muchas enfermedades derivadas de ella que empujan a la polimedicación de las personas, al impedimento de envejecer activamente y muchas veces el exceso de medicación termina finalmente con el alargamiento de agonías innecesarias en parkings de personas.

Me dedico a lo que me dedico porque quiero cambiar esta situación. Además de ayudar a personas que sufren enfermedades, considero que la divulgación y la educación en salud son fundamentales. Somos la generación que tiene el poder del cambio. Somos la generación que tiene que entender que la alimentación, el deporte, el descanso y la salud mental son las claves para disfrutar de la jubilación.

Si miro dentro de mí encuentro un deseo de vivir mucho y durante muchos años. Sobre todo de vivir mucho. ¿Para qué quiero vivir mucho tiempo si no estoy viviendo nada? Ya sé que todos vamos a morir, de hecho soy muy consciente de ello. Para mí, morir en sí mismo no es importante, lo importante es cómo voy a morir y cómo voy a vivir los últimos días. Prefiero tener unos últimos días intensos que unos últimos años de mierda. ¿No lo habías pensado nunca? Yo sí. A menudo. De hecho creo que la muerte es lo que más me ha hecho crecer y vivir (por paradójico que parezca) durante los últimos diez años.

Tengo infinidad de recuerdos bonitos de cuando aun era él. Jugando a fútbol (yo hacía de portero), enseñándome bricolaje, paseando por los parques de Mataró, sus mil historias, esos versos que repetía constantemente. Años después, en las comidas familiares era capaz de recitar el mismo poema 10 veces porque no se acordaba que hacía 30 segundos lo acababa de recitar. En especial recuerdo infinidad de horas haciendo crucigramas con él. En realidad los hacía él, pero en voz alta, así parecía que lo hacíamos los dos. Aprendía palabras nuevas que a veces incluso me parecían inventadas. También me enseñó a jugar a ajedrez (primero a damas) y nunca me dejaba ganar. Estos últimos años la señal para saber que sufría días malos era que no se acordaba de hacer aviones de papel. Una obsesión para él a medida que la enfermedad avanzaba era conseguir folletos de publicidad para hacer decenas y decenas de aviones de papel. Tengo que decir que nunca aprendí por mucho empeño que él pusiera. No son los típicos aviones, a estos les llamaba cohetes. Los aviones que hacía Eliseo tenían incluso dos partes: la estructura principal y la cola.

Mañana, si me dejan (ni siquiera lo hemos podido ver por última vez), le dejaré dentro del nicho un rey, un avión y un libro de crucigramas. No tardarán mucho en aparecer todas las palabras. 



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